“Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo”
Estas fueron las hermosas palabras del saludo del Arcángel San Gabriel a Nuestra Señora en el momento de la Anunciación, cuando el Verbo de Dios se encarnó por obra y gracia del Espíritu Santo en el vientre bendito de María. Y estas palabras nosotros las hemos repetido incontables veces rezando el Santo Rosario.
Nos acercamos ya al mes de octubre, mes del Rosario.
La palabra rosario viene de que antiguamente se saludaba a la Virgen María con el título de Rosa, símbolo de la alegría. Se adornaban sus imágenes con una corona o un ramo de rosas, expresión de las alabanzas que nacían de un corazón lleno de amor. Y los que no podían en esa época medieval recitar los 150 salmos del Oficio Divino lo sustituían por otras tantas Avemarías, sirviéndose para contarlas de granos enhebrados por docenas o nudos hechos en una cuerda. A la vez, se meditaba la vida de la Virgen y del Señor. Esta oración del Avemaría recitada desde siempre en la Iglesia y muy recomendada frecuentemente por los Papas y Concilios en una forma más breve, adquiere más tarde su forma definitiva al añadírsele la petición por una buena muerte: “ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte”.

Se estructuran también los misterios, contemplándose así los hechos centrales de la vida de Jesús y de María. También se fijó el rezo de las letanías, que son un canto lleno de amor, de alabanzas a Nuestra Señora.

Su fiesta fue instituida por el Papa san Pío V el 7 de Octubre, aniversario de la victoria obtenida por los cristianos en la Batalla naval de Lepanto (1571), atribuida a la Madre de Dios, invocada por la oración del rosario. La celebración de este día es una invitación para todos a meditar los misterios de Cristo, en compañía de la Virgen María, que estuvo asociada de un modo especialísimo a la encarnación, la pasión y la gloria de la resurrección del Hijo de Dios.

En este mes de octubre, que la Iglesia dedica a honrar a Nuestra Madre del Cielo especialmente a través de esta devoción mariana, hemos de pensar con qué amor lo rezamos, cómo contemplamos cada uno de sus misterios, si ponemos peticiones llenas de confianza, de fe y amor. Ante tantas dificultades como a veces experimentamos y como la que estamos experimentando en todo el mundo con la Pandemia del Covid-19, ante tanta ayuda como necesitamos en el apostolado, para sacar adelante a la familia y para acercarla más a Dios, en las batallas de nuestra vida interior, no podemos olvidar que, “como en otros tiempos, ha de ser el Rosario arma poderosa, para vencer en nuestra lucha interior, y para ayudar a todas las almas”.

En nuestra parroquia se rezará el Rosario todos los días del mes a partir de las 19:00. También el primer sábado del mes de octubre (3 de octubre) se rezará en la parroquia y no en la ermita de Nuestra Señora la Virgen de la Esperanza. Según el comunicado de la Hermandad con motivo del Covid-19 y nuevas normas de la Comunidad de Madrid, no se abrirá la Ermita el sábado 3 de octubre, prefiriéndose (al tener más aforo) el rezo del Santo Rosario a las 19 horas en la Parroquia. El mes de noviembre, se espera volver a lo habitual.